PARQUE NACIONAL DE GORONGOSA, MOZAMBIQUE, UNA HISTORIA DE CONSERVACIÓN, DE LA EXTINCIÓN AL FLORECIMIENTO
- Ricardo F. Colmenero
- 14 nov 2025
- 7 Min. de lectura
Actualizado: 21 nov 2025
La milagrosa recuperación del parque Gorongosa: "Quedaban menos de 10.000 grandes animales, hoy superan los 100.000"
Su papel para la investigación de la biodiversidad y su combate contra la pobreza de Mozambique y el control de la natalidad le ha valido para ser reconocido con el XIX Premio Mundial a la Conservación de la Biodiversidad de la Fundación BBVAel para la investigación de la biodiversidad y su combate contra la pobreza de Mozambique y el control de la natalidad le ha valido para ser reconocido con el XIX Premio Mundial a la Conservación de la Biodiversidad de la Fundación BBVA.
«Estas tierras salvajes dieron origen a la humanidad, y es este mundo natural, aún en evolución, el que puede sobrevivirnos y convertirse en nuestro legado, en nuestra ventana a la eternidad». El catedrático de Harvard, Edward O. Wilson, uno de los biólogos más famosos de la historia, considerado el padre de la biodiversidad, se encontró a los 82 años en el paraíso terrenal. Estaba en Mozambique, en una extensión de terreno del tamaño de Cantabria, en el extremo sur del Gran Valle del Rift, donde todos los ecosistemas y especies imaginables y aún desconocidas, parecían haberse congregado para embarcar en el arca de Noé. Sin embargo, si el célebre biólogo y entomólogo hubiera visitado medio siglo antes el Parque Nacional de Gorongosa, no habría encontrado nada.
Para que el mundo regrese al Génesis, o al menos Gorongosa, el secreto es no hacer nada y eso sale carísimo. Lo contrario a que la naturaleza siga su curso fue lo que le ocurrió a este parque mozambiqueño entre 1977 y 1992: tres lustros de guerra civil en un campo de batalla salpicado de elefantes, búfalos, hipopótamos y cebras que no tardaron en incorporarse a un conflicto que dejó un millón de muertos. Al final, la práctica totalidad de las especies desaparecieron: algunas sufrieron mermas del 99%. De ahí que, tres décadas después, el XIX Premio Mundial a la Conservación de la Biodiversidad de la Fundación BBVA, que los responsables de Gorongosa recogerán la semana que viene en Madrid, se asemeje al reconocimiento de un milagro.
La Guerra Civil convirtió el Gorongosa en el escenario de cruentas batallas, en un bazar del que recolectar especies raras y colmillos de elefante con los que financiar armas y equipos militares y en una carnicería de cebras, ñus, búfalos y ungulados de toda clase con los que alimentar el estómago de los soldados. Los leones y el resto de grandes depredadores se murieron de hambre. Todo lo que ocurrió después de la guerra sería imposible de explicar sin la mediación de Greg Carr, un tipo de Idaho (EEUU), al otro lado de cualquier océano, a más de 16.000 kilómetros del Parque Nacional. Carr había fundado en los años 80 una de las primeras empresas que vendía sistemas de correo de voz a las compañías telefónicas. A los 39 años se la compraron. Y se encontró con 845,2 millones de dólares y sin saber qué hacer con su vida. Un encuentro con Nelson Mandela le descubrió Gorongosa, se enamoró, y empezó a regarlo con millones de dólares. Ahora, se pasa seis meses al año trabajando en el Parque Nacional, y los otros seis viajando por el mundo buscando más fuentes de financiación.

«Cuando empezó el proyecto, hace ahora dos décadas, quedaban menos de 10.000 grandes animales, mientras que hoy superan los 100.000», cuenta Marc Stalmans, director científico de Gorongosa. Por poner sólo algunos ejemplos, en 1972 se contaron 2.500 elefantes, después de la guerra ya sólo quedaban 200, y hoy ya son 800 otra vez. Más llamativo es lo de los leones: cuando comenzó el proyecto de restauración había menos de 30, ahora ya son 200. Los búfalos pasaron de menos de 100 a más de 1.400. Y los hipopótamos, de menos de 100 a más de 900.
Tras la guerra, ya sólo quedaban 1.000 antílopes, y ahora son más de 63.000. Ñus no quedaba casi ninguno, y ahora son más de 1.500. Tampoco sobrevivían ni leopardos ni hienas, pero ahora han reaparecido, en vista de la masiva recuperación de alimentos. El secreto, una vez más, no hacer nada o, mejor dicho, hacer todo lo posible para que la mano del hombre no haga nada, y que la naturaleza recupere su espacio como la vegetación las ciudades en las series apocalípticas. «En los casos más graves hemos reintroducido algunas especies, pero otras han logrado recuperarse solas», apunta Stalmans, atraídas por los múltiples ecosistemas del valle del Rift, fabricados tras un movimiento de placas tectónicas hace 35 millones de años.

En paralelo, el Parque ha promovido numerosos proyectos de investigación sobre su biodiversidad, y un Master en Bilogía de la Conservación para estudiantes mozambiqueños. En el Laboratorio Edward O. Wilson, bautizado en honor al célebre catedrático de Entomología de Harvard, han logrado documentar la existencia de casi 8.000 especies, entre las que se encuentran 500 aves, que fueron las que mejor sobrevivieron al conflicto bélico. También se han documentado 200 especies hasta ahora desconocidas para la ciencia. «La mayoría son insectos, pero también hemos descubierto tres nuevos murciélagos, una especie de gecko, y diversas variedades de plantas», resalta el director científico del Parque.
También destaca Myosorex meesteri, una nueva especie de musaraña, descubierta en 2011, y que no se encuentra en ningún otro lugar del mundo. Los investigadores extraen y almacenan muestras de ADN de las especies con un innovador sistema de gestión de datos y seguimiento a través de códigos de barras.
En estos momentos trabajan en Gorongosa investigadores de 14 países y cinco continentes. Jacinto Mathe, veterinario y antropólogo forense, es un investigador autóctono. Su trabajo consiste en ir por ahí recogiendo huesos con los que reconstruir la historia de África, y descubrir el origen del hombre. «Los huesos son mis partes favoritas de nuestro cuerpo porque pueden contarnos muchas historias», explica Mathe. Y la suya es de las mejores.
El antropólogo nació con una discapacidad congénita en los huesos: pies equinovaros o zambos, que apenas le servían para mantenerse en pie. De niño recorría en burro los seis kilómetros que le separaban de la escuela. Recuerda que muchas veces el burro enfermaba y no podía acudir, lo que le inspiró a hacerse veterinario. «Quería devolverle el favor al burro», explica.
Pero a los 25 años le curó Gorongosa. Se topó con el anuncio de una carrera popular de 12 kilómetros que arrancaba a la entrada del Parque Nacional, y decidió apuntarse con un andador. Su imagen salió en todos los periódicos y televisiones. Un médico lo vio, y se lo llevó a Portugal para operarle.
"Muchos de los problemas de sobre explotación de los recursos naturales que amenazan la biodiversidad se deben a la pobreza y a la falta de conocimiento"
Susana Carvalho, arqueóloga, primatóloga, paleontóloga y profesora de la Universidad de Oxford
Susana Carvalho, arqueóloga, primatóloga, paleontóloga y profesora de la Universidad de Oxford, es su mentora y una de las principales responsables científicas del Parque. Los animales, explica, no son el objetivo, sino la consecuencia de un objetivo mayor, que era «abordar la pobreza». «No puedes ir por ahí diciéndole a la gente que no mate a un pangolín o a un chimpancé porque es muy mono y muy inteligente, porque te dirán que les van a dar 50 dólares a cambio, y que pueden vivir tres meses con ese dinero», explica Carvalho. «No es solo la guerra la que ha devastado a todos estos animales en este y otros parques de África. Si tienes rinocerontes, tienes que militarizar. Ahora mismo, si trabajas en uno de estos parques que aún tiene una buena cantidad de animales, estás en una lucha diaria para mantener a los traficantes ilegales fuera, y no atraer la violencia», lamenta Carvalho.
La restauración de Gorongosa necesitaba involucrar a la población local, especialmente a los jóvenes, que han creado una red de más de 400 guardabosques. Pero también al resto, a los que había que ofrecerles otros incentivos: «Convencerles de que podían mejorar su economía, y garantizar su acceso a necesidades básicas como el agua potable, la sanidad y la vivienda, con ayuda de la naturaleza que tenían entre las manos».
Ahora, el cultivo sostenible de café da empleo a más de 1.000 personas, pero también está la miel, el anacardo, la pesca y, por supuesto, el turismo y las donaciones. De hecho, más del 50% del presupuesto se destina a proyectos de desarrollo socioeconómico que benefician ya a más de 200.000 mozambiqueños. «Gran parte de este dinero que entra anualmente es para construir escuelas o para que médicos y enfermeros puedan instalar clínicas móviles en zonas remotas», explica Mathe. «También para impulsar programas de educación medioambiental, de nutrición, o de agricultura regenerativa, que sirva para mejorar el rendimiento de las cosechas de forma sostenible».
Muchas de las acciones del Parque se centran en la educación de las mujeres jóvenes, para que consigan llegar a los estudios secundarios, algo que tiene un impacto directo en el retraso de la maternidad, el número de hijos y el control que tendrán sobre sus vidas. «La educación de las mujeres jóvenes es un pilar clave para casi todo», apunta Susana Carvalho. «El objetivo es conseguir que sigan estudiando porque el abandono escolar temprano es un problema grave en las zonas rurales pobres. Si las niñas abandonan la escuela pronto, acaban casándose jóvenes y no pueden desarrollar todo su potencial».
Por eso, el objetivo del proyecto de Gorongosa no se ha limitado a recuperar la fauna, sino que también ha buscado mejorar la vida de la gente que vive en su entorno. «Muchos de los problemas de sobre explotación de los recursos naturales que amenazan la biodiversidad se deben a la pobreza y a la falta de conocimiento», apunta Carvalho. «Hemos apostado por el desarrollo económico y la educación de la población local, y ojalá nuestro modelo pueda servir de inspiración y replicarse con éxito en otros países de África».
Artículo escrito por Ricardo F. Colmenero para elmundo.es
